Cuando me convertí en madre por primera vez, todo cambió. No tenía un plan B, ni ahorros, ni red. Trabajaba haciendo entregas, después en Amazon, y en las noches conducía Uber. Tres trabajos, una hija recién nacida y la sensación constante de estar corriendo detrás de algo que nunca llegaba. El sistema no estaba hecho para mí — y eso me dio rabia.
Conocí el negocio de la reparación de crédito a través de una empresa multinivel. Ahí aprendí las bases y los fundamentos del crédito, mientras descubría mi capacidad para liderar, formar equipos y conseguir clientes. Después de aproximadamente un año decidí especializarme: cómo se construía, cómo se rompía, cómo se disputaba. Aprendí que tenía derechos que no conocía. Que las cartas existían. Que los plazos importaban. Y que detrás de cada línea de un reporte había una historia — la mía, y la de miles de personas como yo.
«No estaba buscando un negocio. Estaba buscando libertad. El negocio llegó después, cuando otras personas empezaron a preguntarme cómo lo había hecho.»
Empecé haciendo yo misma las disputas, estrategias y cartas para mis primeros clientes. Con el tiempo, ese trabajo se convirtió en una empresa con equipo, procesos y sistema: Club Fortuna, una formación y mentoría con más de 800 clientes acompañados y un equipo de 10 personas. Hoy enseño el método a otras personas para que hagan lo mismo.
Pero el método no es solo técnico. Es mental. Es entender que mereces construir. Que tu historia no te define — pero sí puede ser el motor. Y que el crédito, bien usado, es la palanca que muchas necesitamos para salir del ciclo.
Fabiana Sánchez
Fundadora · Club Fortuna